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El nuevo presidente de las GAC: Entrevista a Benito Padilla

6 de julio de 2023

Benito Padilla es licenciado en historia y profesor de historia e historia del arte, también es experto en tasaciones de obras artísticas. Desde 2007 ha emprendido el proyecto Imaginart, una galería que visibiliza aquellas tendencias artísticas contestatarias y rebeldes de las normas hegemónicas. Ahora es también el nuevo presidente de la Asociación de Galerías de Arte de Cataluña. Esta semana ofrecemos un bocado de sus intereses y criterios artísticos personales.

Àlex Salas: Buen día Benito, antes de empezar la entrevista, me gustaría darte las gracias por concedernos un momento de tu tiempo. Si te parece bien, quisiera comenzar preguntándote por cómo fueron los orígenes de tu carrera como galerista. ¿De qué manera te adentraste en este mundo?

Benito Padilla: Buenos días y gracias a ti. Sí, sí, yo te cuento. Como ya sabes yo he sido profesor de historia y de historia del arte. Cosa que ya nutria en mí un interés específico por el arte. Y en algún momento alguien abandonó un estudio, de eso te hablo de hace ya casi veinte años, y con amigos decidimos emprender un proyecto galerístico. En ese no solo queríamos promover un programa expositivo, sino que también queríamos aventurarnos en el mercado y participar en ese mundo de las vídeo instalaciones que nos parecían fascinantes. No te creas que yo quise presidir la iniciativa, fue más bien que, a falta de encontrar quien se pusiera en esa posición, acabé director de galería.

À. Salas: Por lo que me cuentas parece que la casualidad y el azar tienen sabiduría propia. En cuanto a historiador, ¿cómo definirías el rol del arte dentro de la sociedad catalana?

B. Padilla: ¿Cómo lo veo yo? Veamos, te voy a exponer cómo veo yo el caso de Cataluña y en concreto el de Barcelona. Vamos a situarnos en el momento previo a las Olimpiadas del 92, que era un instante en la ciudad y también en Cataluña, explosivo. En tanto que profesor, en ese momento pude aprovechar el interés que se expandía, y que siempre ha estado presente en la ciudad, por el diseño. Entonces era un instante precioso para los alumnos y alumnas, pude facilitarles y darles a conocer la impronta del diseño característico de la ciudad. Las Galeristas tenían, en ese momento, una gran posibilidad de explorar conceptos artísticos diferentes. Me refiero a exponer arte de formato clásico, pero también explorar la danza, las pasarelas de moda, la performance, por ponerte ejemplos.
Pero, después del 92 sucede un abandono por parte de la administración pública, catalana y barcelonesa. Ese declive se da básicamente por la falta de solvencia intelectual y artística de los representantes de las instituciones políticas. Debería tenerse muy claro que el contexto de auge del 92 no es resultado del azar. Si no que era el reflejo de la trayectoria y tradición del vínculo de Barcelona con las artes plásticas, la arquitectura y el diseño. Todo ello, explica la cumbre a la que llegamos al final de la década de los 80. Luego, lo dicho, por no saber hacer de vínculo entre el Arte y la sociedad, Cataluña perdió la conexión con las vanguardias que se estaban cociendo fuera de las fronteras españolas. Puntualicemos también que, de ahí nace, brota la pérdida de prestigio de la figura del coleccionista. Y es que es lógico, si no se propicia la curiosidad por el arte desde las fuerzas políticas, tampoco se demuestra que el papel de una colección tenga crédito o merezca reconocimiento. En consecuencia, el galerismo en Cataluña se vio deteriorado.
Lo cual es una lástima. Mucha gente asume que durante el Franquismo hubo un parón en la creación y el mercado del arte. Evidentemente, las condiciones de hambruna y dificultades sociales no eran el clima más adecuado. Sí que hay un período (del 39 al 45) de agostamiento. Pero luego están figuras como la de Miró que juegan un papel muy destacado. Aun bajo la dictadura, se inauguraron museos como el Museo de Cuenca, el Museo Picasso en la ciudad de Barcelona. Todo ello, a pesar de las condiciones adversas, los coleccionistas apostaron por el paisaje, la galería Gaspar jugó un papel muy destacado en el galerismo catalán.
Pero después, por esa falta de solvencia, como digo, de las élites políticas, tenemos artistas catalanes mundialmente reconocidos, como Jaume Plensa o Miquel Barceló, que si te fijas, tienen gran parte de su obra gestionada por galerías extranjeras.

À. Salas: ¿A qué tendencias artísticas eres más sensible?

B. Padilla: Siguiendo con lo que te comento, siento un gran interés por las tendencias apátridas. Los artistas que, debido a motivos políticos, culturales o incluso aquellos que se han visto renegados de las posibilidades contextuales, deben marchar, revelarse y producir su arte fuera de su sede natal. Muchísima gente ha tenido que adaptar su arte a su condición de expatriada. También tiene mucho interés ver las narraciones de su producción artística adaptadas a esa situación. Como hemos dicho, eso en Cataluña ha pasado mucho, no hay reproche en lo que digo, pero sí que me parece relevante a la hora de explicar el salto narrativo-artístico en el que nos encontramos en la identidad cultural actual.
No hay nada más que mirar en los despachos de abogacía, las consultas médicas, las empresas de diseño y arquitectura. En otros grandes centros urbanos, los territorios del prestigio son acompañados o nutridos de la mano del arte y de su contemplación. Es interesante puesto que la oficina se define según los intereses y las tendencias artísticas de quien preside la empresa o el centro. Se viste la habitación con rasgos de lo que define tu identidad, más allá de un diploma universitario colgado de la pared. Claro que, al final, todo ello tiene que ver con que la administración pública no contemple la importancia del arte como en otros países. No se nos olvide que la ley de mecenazgo sigue pendiente en España y que somos uno de los estados con la tasa de IVA más elevada.

À. Salas: ¿Cuáles son tus tres artistas contemporáneos preferidos?

B. Padilla: Es una pregunta complicada, puesto que muchas veces no se trata de un artista en concreto, es más bien una forma de expresión que defienda y reivindique los temas que me interesan. Ahora, por ejemplo, en la galería tenemos a una serie de mujeres. Rada Akbar es un ejemplo claro de esa lucha contra el orden establecido. En la exposición se encuentra la visibilización de la opresión sufrida por las mujeres, concretamente en Afganistán. Otro ejemplo es Zoulikha Bouabdellah, que tiene parte de su creación expuesta en la colección del Centro Pompidou de París. En el trabajo que hicimos con ella en Imaginart, conglomeró sus ideas acerca de los límites, la división que se construye cuando estos se establecen.

À. Salas: ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

B. Padilla: [Ríe] presenciar y participar en aquello que es disruptivo, romper la censura. Al fin de cuentas, lo que han hecho siempre los artistas. A menudo pienso en esa obra de Bernini, en la que esculpió a Santa Teresa. La visita de su trabajo se prohibió, porque claro, al final es una representación de Santa Teresa profundamente erótica. Con ese ángel con cara de pícaro preparado para clavar esa saeta dirigida a la entrepierna de la santa. Eso es importante en el momento de la creación, trascender lo preestablecido, los cánones de quien te censura han de ser rotos.
Otra obra canónica de la historia del arte censurada la tenemos en la trayectoria de Pablo Picasso. Quién ya siendo autor de renombre hizo lo que se llamó Suite 347. Se trata de una instalación que se expuso en el 1970 en la Galerie Louis Leiris. En ella Picasso hace uso de su imaginación para retratar lo que Giorgio Vasari escribió en su Vida de Rafael. Se dijo que había muerto tras 4 días de intenso amor. Claro que allí Picasso hizo una recreación imaginaria, nada de lo que se expuso era rigurosamente cierto. Pero esa no es la labor de los artistas, la verdad ocupa a los historiadores, los filósofos, las ciencias empíricas, pero no a la creación.

À. Salas: Claro, aquellas que nos dedicamos a la creación sabemos que si nos preocupara la censura del público, no nos permitiríamos muchas de las cosas que creamos. Por eso, aquellos y aquellas que acompañan al artista han de ser personas con perfiles variados, para abarcar tantas identidades artísticas como puedan existir. Pero, si pudiéramos sintetizarlo en tres conceptos claves: ¿qué es lo más importante que ha de tener una persona que quiera dedicarse al galerismo?

B. Padilla: Mira, la primera te la voy a responder por negación. Lo que no ha de hacer un buen galerista es pensar que tiene una tienda. Ese ha de tener la preparación suficiente para atender a los usuarios del arte, tanto coleccionistas como no coleccionistas. Una persona que sea galerista ha de saber lo que tiene entre las manos.
Lo segundo que yo veo necesario en ese perfil es la audacia, sobre todo por lo que ya hemos estado hablando anteriormente, la situación no es sencilla y la galería no se puede quedar entre sus cuatro paredes. Es bueno buscar formas con las que acompañar la sociedad con el arte.
Y por último, aunque idealmente no debiera ser de esta forma, es muy necesario estudiar y observar bien el mercado, el mercado con Mayúsculas. De esta manera, el galerista puede plantear fragmentos de discurso en sus exposiciones que acompañen ese mercado del arte, y conseguir de que los intereses económicos no estén reñidos con los de la creación.

À. Salas: Cerrando este encuentro, la última pregunta: ¿Qué podemos esperar en los siguientes seis meses de la Asociación de Galerías de Arte de Cataluña?

B. Padilla: Después de todo lo que hemos hablado, comprenderás que, como presidente de la Asociación de Galeristas de Arte de Cataluña, quiera reconciliar la sociedad catalana con sus propias tradiciones artísticas. Informar y dar a conocer la producción artística actual. En suma, recuperar un fondo de arte del siglo veinte, poniendo en contacto galerías y familias que tienen acceso a obras que merecen ser compartidas y disfrutadas.