Exposición

‘Mediterrani Atlàntic’

5 septiembre — 5 noviembre, 2026

Tramuntana

Cenizas vivas

A principios de julio de 2026 ardieron alrededor de 2.300 hectáreas del Massís de les Gavarres. Tras el incendio, el artista Francesc Ruiz Abad recorrió la zona del desastre, a la altura de Romanyà de la Selva, y recogió restos carbonizados de encina y brezo. Con aquella ceniza inerte, con aquellos vestigios secos que antes crecían llenos de savia viva y que durante unos días brillaron con la furia de las llamas, dibujó parte de las piezas realizadas específicamente para la exposición Mediterrani Atlàntic de la Tramuntana Gallery, en Vulpellac. El resultado, sin embargo, no se limita al testimonio. Ni al relato.

Por un lado, porque la ceniza de las Gavarres es más que simple materia. No se reduce al residuo hollinoso de una combustión y punto. La ceniza es el rastro de la muerte. Es la metáfora de la devastación. Por eso, en los negros y los grises de cualquier ceniza se evocan sombras profundas como las de Pompeya, Hiroshima o el World Trade Center. Cualquier ceniza es todas las cenizas y, en virtud de su triple dimensión de materia, rastro y metáfora, nos aboca al peso plomizo de la aniquilación. Por otro, porque la ceniza, en manos de un creador como Francesc Ruiz Abad, recupera la capacidad de dar vida. Así, de los árboles calcinados, gracias al poder del arte, surge una nueva realidad que provoca movimientos interiores en los espectadores abiertos a la experiencia estética. No es extraño que Juan Eduardo Cirlot, crítico de arte, mitólogo, compositor y, sobre todo, poeta, recordara en su inspirador Diccionario de símbolos (1968) la relación entre la ceniza y la nigredo, la fase de descomposición ennegrecedora que abre el proceso alquímico de perfeccionamiento espiritual.

Y es precisamente aquí donde el arte introduce una posibilidad de transformación que cuesta tanto ver en la catástrofe por sí sola. Aunque empiece a reverdecer en muy poco tiempo —tal es la fuerza y la urgencia de la vida—, el bosque tardará mucho tiempo en verse renovado. Los artistas no se conforman con el mundo y sus sucesos. Los recrean, los amplían para ofrecer salidas y alternativas. Así, los despojos arbóreos recogidos en las Gavarres vuelven a crecer. A la vez, dejan de pertenecer exclusivamente al paisaje quemado y dialogan con aquel otro panorama atlántico que Francesc Ruiz Abad también recorre con el cuerpo y con la mente.

De hecho, en la obra de este pintor siempre se observa una especie de reverencia natural por la vida y su evolución, alejada de los rituales impostados o de los lugares comunes. El trabajo de Francesc Ruiz Abad es particular en todos los aspectos: desde la investigación sobre los materiales y los procesos hasta el desarrollo de iconografías propias, pasando por la importancia de los viajes. Su acercamiento al estado dinámico y a la energía que es la vida tiene muy poco que ver con las efusiones festivas, a menudo naífs, de quien se queda en la superficie. El artista palamosino crea desde el respeto profundo por la fuerza atávica que late en las espesuras selváticas, en las olas del mar, en los animales que se convierten en símbolo. También desde el eclecticismo, la curiosidad y la fascinación por todos aquellos rostros que todavía gesticulan en los marginalia de los libros antiguos, los capiteles, los bestiarios de las fiestas populares, la pintura de los grandes maestros de la contemporaneidad, los dibujos animados…

Por todo ello, Francesc Ruiz Abad comparte la riqueza conceptual de una exposición como Mediterrani Atlàntic con sorprendente austeridad. Su comprensión de los ciclos de generación y destrucción exige equilibrar la exuberancia formal de unos grafismos elaboradísimos con una severa economía cromática, rigurosa como la oración dentro de una celda. Esta es la sobriedad del asceta que camina con los pies desnudos por las playas de aquí y por aquellas otras tan lejanas, que se abre paso entre los árboles consumidos por el fuego, que deambula bajo las esculturas de los claustros. Y que ofrenda el pecho, brillante de azul ultramar, a la negrura del humo de estampa. Azul y negro —muy negro, en esta muestra—: como sucede con la poesía, solo se puede decir mucho con muy poco. Cuánta destreza y cuánta densidad, para un creador tan joven (nace en 1990). Cuánta belleza y cuántos matices, en una obra que, pese a ser personalísima, no brota de las exigencias del ego, sino de la generosidad hacia unos públicos que habrán de completarla con su inteligencia y su sensibilidad. ¿Acaso no es la mirada y la memoria ajenas lo que da sentido, desde la más remota antigüedad, a las urnas cinerarias?

Pere Parramon,
Doctor en Historia del Arte, crítico, profesor y escritor

Más información:

Fechas: 5 de septiembre – 5 de noviembre, de 2026
Dirección: Carrer dels Arboços 10, 17111 Vulpellac, Girona
Horario: De martes a sábado, de 10:00 h a 14:00 h y de 16:30 h a 20:30 h.
Teléfono: (+34) 643 695 663
Email: info@tramuntanagallery.com
Web: tramuntanagallery.com