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Recordando a Vicente Rojo

19 de marzo de 2021

Construcción de un crater, 2006
Construcción de un crater, 2006

Recordando a Vicente:

En 1963, caminando por las galerías de la ciudad de México recuerdo el encuentro con unas pinturas que no entendí (con la cabeza), pero que sí entendí con el corazón, y con gran emoción: eran de Vicente Rojo, del tiempo de la Ruptura. En ese tiempo no soñaba yo todavía con dedicarme al arte, pero sin saberlo, de alguna manera lo asumí de inmediato como maestro. Y desde entonces lo seguí.

Unos veinte años después, en la inauguración de una exposición de Francisco Toledo en la Galería de Arte Mexicano, me atreví a aproximarme a Vicente, quien para mi sorpresa me escuchó con atención y amabilidad. No sabía yo todavía que esa era una característica clave de su personalidad: la sencillez y la buena voluntad, que aunadas a la inteligencia profunda, la sensibilidad y la discreción lo hicieron una figura fundamental de la cultura de México.

A partir de entonces se dio una amistad que fue de toda la vida; amistad con él, con Albita y los hijos, con Barbarita, y todo ese círculo de amigos convocados siempre por la querida Celia Chávez. Cuántos momentos de gran alegría compartidos con ellos, en México y en Xalapa, en Madrid y en Barcelona.

Un recuerdo que atesoro entre los miles de momentos compartidos con Vicente es el viaje de tres semanas felices que hicimos juntos por Andalucía: de Valencia a Sevilla, Granada, Úbeda, Baeza, y ese puente maravilloso de Ronda en el cual hice una foto de él mirando hacia el infinito.

Esa foto la perdí. Pero hoy la recupero en la memoria y es la imagen con la que quiero evocarlo: Vicente Rojo mirando hacia la eternidad como solamente es posible hacerlo desde ese puente, punto mágico del mundo que me llevó a conocer.

Gracias por todo, amigo querido. Te quedas conmigo y con todos a través de tu obra magnífica.

Palabras del ceramista mejicano Gustavo Perez-