Entrevistas

Entrevista a Pepa Quinteiro

29 de julio de 2021

La feminidad no tendría que ser una carga en el contexto del arte ni en ningún otro, por eso hemos decidido dar voz a algunas de las directoras de instituciones galerísticas que accedieron a dar testigo de su posición profesional desde la condición de mujer.

Buenos días, Pepa y gracias para concederme este momento de entrevista. Me vuelvo a presentar brevemente, soy Àlex Salas y estudié Humanidades en Barcelona, especializándome en arte, estética y galerismo. Ahora te llamo desde Madrid donde estoy estudiando un máster en filosofía. Estoy muy agradecida de poder hablar un rato de tu experiencia como figura femenina en mundo del mercado del arte. ¿Cómo estás? ¿Hay algo que quieras decir antes de empezar con las preguntas?

Pepa Quinteiro: Ante todo quisiera agradecerte la propuesta de poder intervenir en un proyecto como este. Bien es verdad que quedé sorprendida del tipo de intercambio que vamos a hacer el día que recibí tus preguntas. Me parecieron diferentes, con una profundidad sensible que me gustó mucho. También me gusta ver en ti, y también en las personas jóvenes que trabajan en algunas ocasiones conmigo a la galería, una conciencia que hace unos años no se tenía. Es importante que se visibilice que las cosas han cambiado mucho, todavía tienen que cambiar más, está claro. Pero antes pasaban cosas que ahora ya no se aceptarían.

Muchas gracias Pepa, el mérito no es mío, soy deudora de una lucha que ya lleva unos años en marcha y yo y las personas de mi generación hemos nacido sabiendo que exigir un respeto por la condición de feminidad es completamente lícito. Del mismo modo también te diré que no es una conciencia garantizada, queda mucho para hacer. Aparentemente algunos estudios demuestran que la violencia de género entre los menores de veinte años está aumentando, llegando a cifras espantosas. Yo solo puedo dar las gracias de tener la suerte de ser consciente que merezco el mismo trato que cualquier otra persona.

Pero esta entrevista va de tú y de tu experiencia como directora de la galería de arte Anquins. Así que si no quieres añadir nada más empezamos con la primera pregunta. En cuanto que humanista y entrevistadora considero muy importante empezar por la pregunta siguiente: Fuera de los cánones del feminismo o la identidad personal, me gustaría pedirte cuál es tu línea de preferencia o de investigación preferente. Es decir, por qué modalidad artística o escuela tienes debilidad. Yo siempre he admirado la escultura y he leído en algún sitio que una de tus piezas de arte favoritas es una escultura de Jesús Curià. Por eso, aprovecho para pedir cuáles son tus intereses artísticos, o si tienes una artista de preferencia que últimamente te parezca que está produciendo una obra especialmente atractiva.

Pepa Quinteiro: Pues yo había pensado responder esta pregunta explicando un poco como empecé, como acabé siendo directora de la galería. Mis preferencias artísticas y mis inicios en el mundo del arte están muy vinculados a la figura de mi madre. Ella fue y sigue siendo un referente muy importante en mi vida. Eso se dió, desgraciadamente porque murió muy joven, en su momento fue muy duro para mí y ahora a pesar de explicarlo me emociona, pero es una etapa de mi vida de la que aprendí mucho y que ha quedado atrás. Mi madre llevaba la galería de la familia fundada en 73, fue idea conjunta de mi padre y de mi madre, pero mi madre era la que invertía esfuerzo y cariño al proyecto. Si lo piensas, era una mujer muy avanzada a su tiempo, directora de una galería, en aquel momento quizás no se debía de percibir en estos términos pero yo sí diría que era una mujer que se empoderó a través de la gestión y dirección de Anquins.

El año que murió yo apenas tenía 29 años, era muy jovencita, y tenía unas intenciones muy diferentes por mi vida. Había empezado a estudiar física y después me pasé al campo de la geografía y la historia. Las asignaturas de arte eran las que más me hacían soñar. Entendí mi pasión por el arte en un viaje en diferentes ciudades italianas que hice con mi madre. Recuerdo la estancia en Florencia, como suele pasar en este tipo de rutas siempre nos quedamos sin tiempos para verlo todo y pocas horas antes de marchar me planté diciéndome «yo no marcho sin ver David de Miguel Ángel». De la Galleria dell’Academia no vi nada más que aquella escultura del poco tiempo que teníamos a disposición. El caso es que con todo esto igualmente hice esperar un autobús entero de turistas para que yo pudiese disfrutar de unos segundos de adelante de la obra. (Se ríe)

Por eso, si tuviera que escoger un lenguaje artístico efectivamente escogería la escultura. No solo por este recuerdo que comparto con mi madre que es un poco el inicio de mi historia de amor por el arte. También porque la escultura tiene algo de especial, es presencia, hay una fuerza en ella que modifica el espacio.

Tengo que decir también que de pequeña ya había tenido contacto con el mundo de la galería. Había podido disfrutar de los ambientes fantasiosos de los talleres de diferentes artistas con quienes mi madre trabajaba. Desde pequeña las vivencias familiares fueron guiándome al mundo de *Anquins. 

Para acabar de explicarte cómo heredé la galería, en el 92, mientras aquí todo el mundo estaba eufórico esperando la llegada de las olimpiadas mi madre se despedía de mí y de su proyecto de artes. Me dejó llena de pena y con un proyecto en las manos que por nada del mundo no hubiera querido ver disolverse. A pesar de ser muy inexperta decidí dejar la ocupación de relaciones públicas en un proyecto de Golf que tenía mi padre, era una iniciativa emprendedora que podría haber funcionado por mí, pero Anquins me demandaba. Haciendo de relaciones públicas aprendí muchas cosas que más tarde me han servido para la galería. Pero, a pesar de que ahora no lo querría de ninguna otra manera, fueron las circunstancias las que decidieron por mí. Es cierto que yo había estado ayudando a mi madre y acompañándola a algunos acontecimientos y sobre todo a los talleres de los artistas. Pero siempre había tratado la vertiente lúdica de una galería, lo que es muy diferente a ser la directora. Los inicios fueron duros pero ha pagado la pena.

Si es verdad que recibí la galería con unos artistas determinados que quizás no era exactamente lo que a mí me interesaba, pero en el ninguno de los años conseguí perfilar el proyecto. También aprendí que a veces los artistas que más deseas son los más complicados de conseguir, lo que más te interesa es aquello que cuesta insistencia y esfuerzo, el artista que quieres lo tienes que seguir tú. Todas estas pruebas me forzaron a crecer como persona.

À: Es una historia muy bonita Pepa, gracias por compartir conmigo este capítulo de tu vida que es muy importante tanto para tu persona como para la galería. Me gustaría pedirte cómo sientes que tu experiencia con relación al galerismo hubiera sido diferente si fueras hombre.

Pepa Quinteiro: Esta pregunta me lleva a explicarte cómo establecí mi primera relación galerista-artista. Nunca había tratado con las carreras de artistas emergentes, y yo lo que quería era encontrar un modo de expresión joven, que me representara como galería, como persona y poder darle voz. Y entonces conocí el proyecto de Jesús Curià. Hacía unos cinco años que exponía y empezaba a buscar una vía de entrada en el mundo del arte. Y a veces pasa, se tiene un sentimiento, una intuición de que aquello puede funcionar contigo.

Lo mismo me pasó con Béatrice Bizot que es una artista escultora con quien también tengo un vínculo interesante. En el último viaje a la feria de Los Ángeles fui con ella y nos lo pasamos genial. En estos momentos está preparando un gran proyecto para Vila-seca con conjunto con el ayuntamiento. Ahora tiene un estudio más grande precisamente por el proyecto que está diseñando. Yo creo que a partir de verano ya lo tendrá terminado. 

Además de esto, para poder dar apertura y visibilidad a nuevos talentos la galería ha estado organizando durante veinte años concursos de pintura joven. De estos a veces hemos tenido el privilegio de poder engendrar una relación con algunos de los pintores y pintoras que participaban. A mí me parece que es una iniciativa que ha llevado muchas cosas buenas tanto a la galería como a la pintura emergente.

À: Escuchándote parece que describes un sentimiento maternal.

Pepa Quinteiro: Es bien bien así, es un lazo que surge como un sentimiento maternal, una relación que está muy lejos de ser fría. Mis compañeros hombres parecen buscar una relación que salga rentable, podríamos decir que son más secos, pueden cortar los vínculos con los artistas si estos no salen al mercado de la manera más conveniente. En cambio a mí me duele romper los vínculos. Imagino que a mis compañeras les pasará más o menos el mismo. Al fin y al cabo, entre galerista y artista hay un amor, una admiración que yo entiendo como un sentimiento mutúo que es el que me motiva a llevar la galería. 

À: Entiendo, al final, para qué queremos la verdad si no nos va la vida en ella. En relación a esta empatía que describes, quería pedirte si en algún momento has tenido la sensación denominada «el síndrome de la impostora». En el seno del mundo intelectual se entiende como una percepción que tienen las minorías como que no son bastante válidas para ejercer su profesión o bien ocupar su cargo. ¿Has tenido, en tus inicios profesionales o bien en la actualidad, esta sensación? ¿Qué es lo que extraes de ello? ¿Más allá del perjuicio emocional, es posible que funcione como un mecanismo que impulse la feminidad a exigirse más?

Pepa Quinteiro: Sí había oído a hablar de ello, sí. Y tengo que reconocer que sobre todo en los inicios me sentí infravalorada, ya no solo por ser de Reus que no es una ciudad capital y entonces vienes de la periferia. Sino por ser mujer y sobretodo por ser joven. Era una sensación que se notaba en mi entorno «Esta niña que viene a hablar con los hombres y además de Reus”.

Sí, la infantilización de la figura femenina es una situación de desprecio a la que muchas personas mujeres se ven confrontadas.

Pepa Quinteiro: También fue un inicio difícil porque yo tenía que estar a la altura de mi madre. Coger el relevo de la dirección de la galería al principio llevó a muchas comparaciones, a comentarios como por ejemplo «Su madre sí, ella… no lo sé». También es cierto que soy un tipo de personalidad muy tímido y todo ello ha podido ser una percepción mía que he estado proyectando en las actitudes de los otros, pero así es como lo sentí a comienzos de mi carrera.

En cuanto al mecanismo de compensación por el que preguntas, sí que recuerdo que en una ocasión en la que nos reuníamos entre unos cuantos galeristas. Otra persona (que era Hombre) me desplazó, me hizo de menos diciéndome que no tenía nada a decir, puesto que no tenía experiencia en ferias internacionales. En el momento hice lo que llamamos «aguantar el tipo», pero saliendo de allá lloré, me sentí muy mal, como si yo fuera poca cosa. A pesar de esto, ahora hace 15 años que voy a ferias internacionales.

Al final esta experiencia, a pesar de que no hubiera hecho falta decirme las cosas hiriendo, fue una crítica que me hizo evolucionar.

À: Primero querría agradecerte tu confianza. Pero también me gustaría hacer un apunte. Estamos de acuerdo en el hecho que las críticas constructivas son bienvenidas, tanto si provienen de una mujer o de un hombre. No obstante, entiendo perfectamente la sensación por la cual te hizo pasar aquella persona aquel día. Muchas mujeres, por no decir todas, habrán vivido un sentimiento de inferioridad en el que las han callado con la excusa que el hombre que tienen delante sabe más. Querría dejar dicho que siempre, incluso del menos inexperimentado, se puede aprender algo. Con esto lo que me gustaría compartir contigo por, de alguna manera paliar el disgusto que sufriste aquel día, es que bajo ningún precepto aquella falta de respeto hacia ti fue justificada más allá del derecho que esta persona se dio por ser Hombre y tener una posición socialmente construida superior a tu figura de mujer. Aquella falta de respeto no es justificable por mucho que después te impulsara a la motivación de participar en las ferias internacionales. En esta situación no puedo admirarte más de como, de un mal trance sacaste un crecimiento positivo. Gracias también por hacer visible una de estas situaciones cotidianas en las cuales existen dinámicas que invisibilizan o insultan aquellas personas con condición de mujer.

En este sentido, aprovechando tu experiencia en las ferias internacionales me gustaría, si te parece bien que te haga una pregunta no prevista, pedirte cuál es tu feria favorita.

Pepa Quinteiro: Pues tengo dos ferias favorita. La primera en la que participé es evidentemente un gran recuerdo. Es la Feria de Estrasburgo, lo que pasa es que con los años ha dejado de tener la proyección que tenía pongamos hace diez años. Otra de las ferias que me gusta mucho es la Artkarlsruhe, está en la ciudad de Karlsruhe, a las afueras, aunque la población se llama Reinstetten. Al inicio, la mayoría de las galerías que participaban, ponemos un 80% eran alemanas. Se hace en un Espacio muy bonito donde ponen una sección que allá denominan plaza y en la que se expone escultura. Las galerías pueden ocupar un espacio además de su Stand y llevar esculturas de grandes dimensiones. Con el inglés te entiendes con todo el mundo allá, pero yo tengo la suerte que mi hijo habla alemán.

À: No quería preguntar por ello pero, ya que lo mencionas asumo que, además de todo lo que me explicas, eres madre.

Pepa Quinteiro: Sí, sí, soy madre de dos hijos. El más grande tiene treinta años y el pequeño tiene veintisiete. Lo que también tengo que reconocer que ha podido condicionarme bastante. Al fin y al cabo, desde mis veintinueve años estoy rodeada de hombres, mi padre, mi marido, y mis dos hijos.

À: También, me gustaría preguntarte si conoces el término de «mansplaining». Es lo que se entiende como una explicación innecesaria por parte de una figura masculina de un concepto o de una situación que, usted como mujer, ya comprende o incluso, acaba de explicar. ¿Cree que es un fenómeno recurrente en su día a día? ¿En cuanto que especialista del mundo del arte, cree que estas situaciones se dan recurrentemente?

Pepa Quinteiro: En esto he estado dando vueltas y no lo creo, podría ser que yo no lo percibo. Pero con el que si me he encontrado alguna vez es estar explicando a un cliente alguna pieza de arte, dando información sobre el artista o argumentándole por qué la obra puede encajar dentro de su colección, y ver que el hombre con quien estoy hablando pone cara de «no sé si me convence». Y yo creo que a veces tiene que ver que mis argumentos no se entienden como firmes, o bien porque es mi propia percepción de mí como mujer la que me transmite la sensación que no estoy siendo convincente.

Esto que me explicas me hace pensar en un texto que leí en alguna parte hace años. Explicaba la teoría según la cual las interacciones de las mujeres con otras interlocutoras buscarían una especie de empatía y acompañamiento. Mientras que entre hombres se dan intercambios en el que hay una especie de escalada hasta el argumento incontestable. Relacionado con esto, sabiendo que existe, por un lado, el feminismo de la igualdad, que busca una equiparación entre el rol femenino y el masculino, en el que la línea de trabajo y explotación sigue teniendo las mismas aspiraciones que las que nos han llevado hasta aquí. Por otro lado, tendríamos el feminismo de la diferencia, que apuesta por unos objetivos propios de la condición femenina. Quizás no tan centrados en la rentabilidad mercantil, sino en la rentabilidad sensible, poniendo énfasis en la importancia de la identidad. Es decir, darle importancia al ser mujer como característico y diverso al hecho de percibir el mundo desde la masculinidad.

El feminismo de la igualdad se traduciría a seguir en las formas de mercado de la arte clásicas (si se puede pretender hoy en día vender arte como lo hacían nuestros padres) o bien introducir una concepción del galerismo y de la promoción de las artes en una línea argumental diferente, puede que más sensible a artistas que no se atienen a una definición institucional del arte, una lectura de las exposiciones más interpretativa y menos institucional si se me permite la referencia en el texto de «La Red de Voguel» de Alfred Gell. ¿En qué posición te sientes más representada? ¿El feminismo de la igualdad o el de la diferencia, o bien es un poco de los dos?

Pepa Quinteiro: he encontrado muy interesante la diferencia entre el feminismo de la igualdad y el de la diferencia. Lo que me parece es que hay que recordar que estas distinciones no son nunca tan firmes, al fin y al cabo, la división hombre y mujer es un constructo que se da a la sociedad y no impide que haya personas que tengan actitudes más o menos sensibles que no encajen con esta distinción. Por ejemplo, se da el caso que tengo un amigo muy sensible y que es igual de empático que yo. Yo no sé si hay algo de diferente en nuestra estructura mental, y tampoco es lo que de verdad es importante, lo que tenemos que tener presente es que la educación que recibimos refuerza esta división entre géneros. Yo lo que creo es que ambas visiones, o maneras de relacionarnos con el mundo son enriquecedoras. Necesarias, incluso complementarias. Entonces quizás sí que estoy más en el feminismo de la diferencia, sobre todo si tenemos en cuenta las dos exposiciones anteriores que se han llevado a cabo a Anquins. La exposición de la escultora Teresa Riba titulada «Corazas» y la exposición de Marta Fàbregas, «Identidades«. Fueron dos proyectos en los cuales, de manera evidente, hay una sensibilidad femenina muy potente pero también diferente la una de la otra. En la página web de la galería tenemos los catálogos por sí quieres ver lo que se expuso. 

À: Muchas gracias, curiosearé estos catálogos que me dices. Te agradezco otra vez, Pepa por dar testigo de tu vivencia femenina en el mercado del arte, espero poder pasar por tu galería en algún momento este año. Tengo entendido que se encuentra a las afueras de Reus.

Pepa Quinteiro: Gracias a ti, ha sido un placer. La galería efectivamente está a cinco minutos de Reus y estás invitada. Las puertas de Anquins están abiertas para todas y todos los amantes del arte.